Propuesta

EDITORIAL COMPLETO EDITADO

En su Informe de Actividades 2008 del Tec de Monterrey, Lorenzo Zambrano manifestó que era necesario que los alumnos aprendieran a aprender, y que aunque resultaba fácil decirlo, lograrlo no lo era tanto. Agregó que también parecía sencillo comunicarse en forma concisa y clara y componer (elaborar, redactar, presentar) trabajos por escrito en forma inteligible, ordenada, estructurada, pero que, desafortunadamente, eran muchos los alumnos que presentaban (elaboraban, componían) trabajos deficientes.

Cuando leí en Internet el ensayo “A vision of students today” elaborado por estudiantes de Michael Wesh, de Kansas State University, reforcé mi opinión de cuánta razón tenía Zambrano. Ambos me parecieron interesantes y me pusieron a pensar mucho. Lo invito a visitar la página equis. Probablemente estará de acuerdo conmigo después de leer el ensayo mencionado.

Tal ensayo enfatiza que el mundo exterior demanda conocimientos, habilidades y destrezas que la formación académica y técnica de hoy ya no satisface; y que la demanda laboral requiere otro tipo de egresados, y, por ende, otro tipo de modelos educativos.

¡Me pareció estupendo escuchar las declaraciones (conceptos, afirmaciones) del Presidente del Consejo del Tec! Lorenzo Zambrano cuenta con el poder para causar un cambio respecto de los programas educativos que incluyan el desarrollo de las destrezas mencionadas. En la década de los setenta, ante la Asamblea de Profesores, varios maestros de diversas divisiones propusimos cursos para conseguir que los alumnos adquirieran las habilidades citadas. La resistencia fue enorme. Uno de los profesores manifestó que no le importaba cómo escribieran sus alumnos si la respuesta era correcta.

Para escribir con claridad, primero se necesita pensar con claridad y, para lograrlo, antes hay que reflexionar, comparar alternativas, inferir consecuencias y conocer el tipo de público al que se dirige el texto para adecuar el lenguaje.

Comunicarse con eficacia demanda e implica poseer diversas habilidades: saber escuchar, escribir, hablar, dialogar…”. Además, otras más complejas, llamadas de pensamiento: analizar, sintetizar, clasificar y comparar. Precisa, asimismo, la pericia privativa de la investigación: buscar información, evaluar su confiabilidad, cuestionarla, seleccionar la relevante, etcétera. No puede faltar la capacidad de socialización, ya que es imperioso relacionarse con otros, trabajar en equipo y manejar conflictos. Exige, desde luego, la cualidad del autocontrol para ser capaces de analizar la propia relación con el poder y asumir la responsabilidad correspondiente, etcétera.

Un alumno puede aprender a aprender si sus maestros le permiten cuestionar lo que sucede en el aula, incluyendo lo que el maestro presenta como verdad. Si eso no es posible, muchos alumnos se limitan a conseguir el título y otros, más inquietos, estudian y continúan adquiriendo conocimientos y profundizando en ellos por su cuenta. Estos estudiantes buscan cómo educarse a sí mismos. Obviamente, han aprendido a aprender.

La Secretaría de Educación ha elaborado un nuevo proyecto educativo. Se llama Programa de Educación Preescolar (PEP) y coincide en muchos aspectos con el programa de la Organización del Bachillerato Internacional (de donde tomé parte de esta información). Por medio de este innovador programa, los alumnos aprenden a aprender.

Los estudiantes, en vez de memorizar información efímera y útil solo para pasar el examen, trabajan con habilidades y conceptos. Reflexionan mucho y exploran qué papel juegan ellos mismos en lo estudiado. El proceso y los mecanismos mentales que se requieren para asimilar una noción diferente o una nueva idea, y que el alumno desarrolló y utilizó, puede emplearlos en otros ámbitos o disciplinas, y convertirlos en un instrumento para apropiarse del conocimiento de cualquier materia, ya que el alumno ya comenzó a aprender a aprender.

Cambiar la mentalidad y la manera de ejercer el oficio de los maestros es muy difícil. Tan difícil como convencer a los padres de familia de que las calificaciones tradicionales, los diplomas y los premios significan poco. En la universidad del futuro no habrá exámenes iguales para todos los alumnos, ni adquirirán conocimientos del mismo modo. Pero solo imaginarlo altera a muchos porque lo desconocido parece imposible y asusta a la mayoría.

Los alumnos aprenderán a aprender cuando los maestros lo hagan. Quienes ya trabajan con la metodología ad hoc para lograr el objetivo mencionado, no monologan, sino dialogan con sus alumnos y los escuchan. Los invitan a reflexionar para luego comentar y discutir el resultado de sus cavilaciones. Todos respetan los puntos de vista de los demás, aunque no concuerden con los propios, incluido el maestro. Y juntos, a menudo, proponen cambios o descubren soluciones inesperadas. ¿Sucede eso en el exterior de las aulas?

Desear egresados con una visión crítica es una cosa; integrarlos al sistema, otra. Habría que cambiar toda la dinámica tradicional con el poder, la política y la participación ciudadana. Las intenciones de este tipo de individuos, entrenados con métodos innovadores, al cuestionar, son buenas. No obstante, usualmente los etiquetan como peligrosos y conflictivos. Rara vez se adaptan a los rígidos cánones de la institución que los contrata, ni se acostumbran a responder ante cualquier orden o propuesta: “sí, señor” o “sí, señora”.

Los modelos (paradigmas) educativos desde los que operan las universidades en la actualidad, salvo excepciones, caducaron hace mucho. Esta afirmación incluye a las instituciones educativas que utilizan la más avanzada tecnología para transmitir conocimiento (o en su labor educativa). Por eso, la respuesta a la problemática del rezago educativo por una parte y, por otra, la que ocasionan las discrepancias entre los criterios y demandas de los empleadores y los egresados que generan los sistemas educativos innovadores y revolucionarios no es abrir nuevas carreras, sino expandir mentalidades. Conseguir lo anterior, debe conllevar adquirir la competencia lingüística correspondiente al grado académico alcanzado, y los jóvenes podrían expresarse oralmente y por escrito de manera adecuada. Lograr estos objetivos constituye, obviamente, un enorme desafío.

Amabeli Cadena
Octubre del 2010